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Pásame la salsa

Música bailable, guaracha, son. El ritmo ya tenía años macerando cuerpos y caderas en el Caribe pero fue una tarde, en Caracas, cuando un locutor parió el nombre que lo bautizó para siempre: Salsa.

Phidias estaba por comenzar un nuevo espacio en la radio en horario meridiano con la apuesta musical por encima del habitual reporte de muertos, cifras de inflación y malas noticias que acostumbraban los noticieros a la hora del almuerzo. Pero las ideas estaban de vacaciones.

Una tarde salió a almorzar tres amigos: el Guajiro González, promotor venezolano recién llegado de Nueva York; Charles Mike Huchinson y Luis Augusto Mora. Pidieron una parrilla hipercalórica para cuatro y, según la leyenda que le contó Phidias a Rodríguez, alguien dijo “pásame la salsa”. ¡Ajá, eureka! Ahí estaba: el nombre del programa.

Claro, después de trasegar algunas cervezas más, la idea final quedó como “la hora de la salsa, el sabor y el bembé”. El guiño también iba para el patrocinante del programa: salsa de tomate Pampero.



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